sábado, 10 de octubre de 2009

Maratón de los Artesanos Km 25. Crónica de una odisea anunciada



A pesar de las buenas sensaciones de los entrenamientos previos a la prueba (un total de 3 días de carrera, 50 minutos de media; había que reservarse) la carrera resultó ser para mí toda una odisea.

A las 8:00 de la mañana estábamos ya en marcha para Torrejoncillo, sólo Manuel Fernández y yo. Roberto decidió no asistir a última hora, por falta de preparación y un leve proceso gripal. Sabia decisión, vista a posteriori. a las 8:45 llegamos a Torrejoncillo sin problemas. Recogimos nuestro dorsal y nuestra bolsa del corredor (muy completa, por cierto), nos cambiamos e hicimos un poco de tiempo hasta la salida, reconociendo a algunos ilustres del trail de por aquí como Pedro José Hernández o Miguel Madruga.

Comenzó la carrera unos minutos después de las 9:30. Empezamos despacio, pero aún así en la primera cuesta adelantamos muchísimos puestos. Nuestra pequeña aceleración sobre todo fue debida a un corredor que cargaba con un equipamiento digno de los Alpes, con dos bastones puntiagudos que movía enérgicamente a cada zancada y que prometían un doloroso pinchazo a los inconscientes que corriesen a su alrededor.Había que huir del peligro

A los 10 minutos Manu comenzó a poner un puntito más, y aunque iba bien, decidí seguir a mi ritmo porque la distancia realmente me imponía mucho. Le ví alejarse poco a poco por las fincas por las que pasamos y ya no le volví a ver, hasta mucho después, en Pedroso de Acím.

Enseguida vi que hoy no era mi día; me sentía cargadísimo de piernas, y algo cansado por no haber dormido bien. Además, los primeros 8 kilómetros de la prueba se me hicieron muy monónotos por los caminos por los que corrimos, siempre picando un poco hacia arriba,y que me comían la moral bastante.

Una vez más me quedé en tierra de nadie, y pasada la crisis de los 10 minutos, y me motivé muchísimo al ver que llevaba 45 minutos corriendo, no había ido nada bien y la organización marcaba que ya llevaba 10 kilómetros. Con este pequeño subidón llegué a Portezuelo. La subida al Castillo no me la esperaba así, por una vereda empinadísima, por la que costaba incluso andar. Pero el incidente que me fastidió la carrera fue la bajada del castillo; dos veces me resbalé sin consecuencias, pero a la tercera hice un escorzo extraño y me dio un tirón en el femoral de la pierna derecha. Malditas Kanadia. Anduve durante dos minutos, estiré ambas piernas y comencé a trotar despacio. No sabía muy bien que hacer, ya que no suelo tener problemas musculares.

Seguí asi unos minutos. El cartel del kilómetro 15 no llegaba nunca, el terreno estaba empezando a picar hacia arriba cada vez más y el femoral de la pierna izquierda empezaba a avisarme también. Anduve y corrí a ratos por un terreno rompepiernas, pasé el kilómetro 15 y encaré la parte más dura de la prueba. Subimos tres subidas espantosas, dos de ellas cortafuegos con tierra removida y piedras sueltas, en las que malamente podía andar deprisa. Las subidas eran de tal desnivel que con el calor, mi falta de preparación y los problemas musculares me costaba hasta subirlas andando. Empezó a pasarme bastante gente, aunque eso ya me daba un poco igual.

Tras coronar el Silleta y avituallarme allí, me comentaron los voluntarios que ya lo que quedaba era todo bajada. Me quedaban 5 kilómetros de bajada, que se me da más o menos bien, y me puse como objetivo acabar con cierta dignidad al menos. Pero ni por esas.

A los problemas en los femorales se añadieron ahora, debido a las tremendas subidas, problemas en los sartorios (el músculo del interior de las piernas) que amenazaban con reventar. El resultado fue que no podía correr en las subidas, y no podía correr en las bajadas en cuanto tenían algo de desnivel; sólo podía trotar suavemente en las bajadas moderadas y en el llano. Y así, arrastrándome cual babosa, llegué a Pedroso de Acím. Hice un tiempo de 2 horas, 53 minutos y 30 segundos por mi reloj.

Manu estaba allí, fresco y lozano. Llevaba aproximadamente mil años esperando (hizo 2:10, más o menos), lo que le confirma como un futuro malote del trail.

Mientras renegaba de lo mal que había pasado, llegó el coche que nos acercaría a Torrejoncillo, junto con otros compañeros con los que compartimos comentarios y olores corporales, y donde se hablaba de que habíamos hecho casi 28 kilómetros y no los 25 anunciados. Pequeño consuelo. Tuve la agradable sorpresa de ver en la meta a mi tio Rubén y mi primo Dani, que se habían molestado en ir a verme y llevaban tanto tiempo que les estaban saliendo telarañas ya. Gracias por ir.

Dos días he estado casi sin poderme mover, pero a pesar de todo creo que valió la pena. Lo único que me fastidia es haber tenido los problemas musculares (debería haber hecho más pesas de piernas) y algo de falta de fondo físico. Si no es por esto estoy seguro de poder hacerlo en 2:30 sin mucho problema.

En la web oficial de la prueba tenéis una crónica de la misma, en la que resultó ganador Pedro José Hernández, esa máquina que tardó menos de 3 horas en hacer 40 y pico kilómetros por ese recorrido. Respecto a la organización, la prueba está muy bien organizada, los corredores tienen muchos servicios a su disposición y sin duda volveré en un futuro. Pero lejano me parece, que todavía soy joven para pruebas de tanto fondo :)

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